Con las manos
Comer con las manos es algo tan primitivo como placentero. Cuando la higiene y las buenas maneras lo permiten, el tacto se convierte en una extensión del paladar que anticipa la calidad de un pan recién hecho cuando se nota tierno y cálido al partirlo, la exquisitez de un jamón serrano al sentir su untuosidad en los dedos o la frescura de una fruta por la tersura de su piel.El ser humano ha comido con las manos durante miles de años y sólo comenzó a dejar de hacerlo por motivos de higiene y, también, por el deseo de las clases altas de distinguirse del pueblo llano. El profesor de Antropología de la Universidad Miguel Hernández, Joan Manuel Quiles, explica que a partir de los siglos XVI y XVII comenzaron a utilizarse algunos cubiertos, antes la cuchara que el tenedor, cuya invención se atribuye a Leonardo Da Vinci.
Es un proceso de refinamiento que nos aleja de la naturalidad y nos acerca a la tecnología. Todo instrumento que se interpone entre la mano y la naturaleza es un elemento cultural. Y cuanto más nos alejamos de la naturaleza, más componente cultural suele haber, hasta que llegamos a un punto en el que añoramos los orígenes y queremos volver a recuperarlos.
En la actualidad hay numerosos alimentos que el protocolo recomienda comer sin cubiertos o usando manos y cubiertos, como las alcachofas, los caracoles, las chuletillas de cordero, el conejo, los mariscos, el pan, las aceitunas, los canapés, los pastelitos, las endivias, los cogollos de lechuga, las frutas pequeñas o los espárragos.

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