Fino y distinguido
por D&HPreferí callar durante años. Las vasijas doradas y recargadas de finos detalles, que inundan la sala de estar de la casa de la abuela, impidiendo cualquier partido de fútbol dentro de ella; las grandes y pesadas cortinas persas, colgadas de argollas metálicas y retocada con “repollitos”; y esos moais extravagantes traídos de quizá qué lugar del Caribe, hicieron que perdiera la paciencia y me decidiera a escribir.
Siúticos: “los que presumen de finos y elegantes, o que procuran imitar en sus costumbres y modales a las clases más elevadas”. Me refiero a todos los siúticos de esta “larga y angosta faja de tierra”, al decir del relamido poeta. Conviene dejar establecido que la siutiquería -hay quienes dicen siutiquez- no depende del origen de un sujeto, sino de su criterio. No se trata de una prevención aristocrática contra clases bajas de la sociedad. Es mas bien, una alarma contra todo lo que huela a mal gusto. Ejemplos no nos faltan: orgullo nacional era Zamorano al verlo partir a la liga española. Pero qué terrible ese regreso, vestido con un Giorgio Armani y hablando como coño. O el “flasheado” matrimonio de Marlen Olivarí, donde todo rugía a siutiquería: los invitados, el vestido de novia, las tarjetas de participación… ¡si hasta el cura hablaba como oficial de Registro Civil!
La mayoría de los casos no son tan grotescos ni evidentes. El siútico puede muchas veces esconderse por algún tiempo, pero llegado el momento, será fácil descubrirlo. ¿Cómo? Suele delatarse por el aspecto general, por la manera de vestirse y de peinarse, porque no se saca la chaqueta mientras no termine el almuerzo, porque le encantan las protocolares tarjetitas de saludo, por la manera de marchar y saludar, y hasta por el modo de colocarse los anteojos a media nariz, con estudiada coquetería y pretensión.
Presumo que la definición y caracterización del siútico queda pequeña al lado de sus aficiones y comportamientos. Suele hablar con afectada pulcritud, refiriéndose a “residencia", "onomástico", "sepelio", “dama envuelta en pieles”, por las sencillas voces de casa, cumpleaños, entierro y arroba que empleamos la mayoría de los mortales. Conversa por teléfono con esmerada afectación; su "aló" es inconfundible de intencionado y acentuado. Se desvive por las palabras extranjeras, y no hay carta que no remate con el distinguido “Répondez s’il vous plaît”, que no es otra cosa que decir “contesta mierda”.
Las conversaciones de mesa de día domingo tampoco se salvan de ser víctimas de este cáncer. Algunos empiezan, sin antecedente alguno, a hablar con propiedad de golf y bridge, de los jardines de Zapallar, de la prédica del cura Opaso y lo linda que es su famosa parroquia de Reñaca, de la candidatura de Lavín, de los Legionarios de Cristo, de que prefieren Megavisión al Canal 13, o del Centro de Padres del Grange; todo lo cual revela sus aspiraciones y, al mismo tiempo, sus frustraciones. Para finiquitar el almuerzo han comprado algún tinto, pero sólo porque leyeron que el vino chileno está top, cuando en verdad matarían por un Amaretto o un Baileys. Al recorrer sus casas, todo huele a fineza… huele, porque todo se pudre en su falsedad, hasta las flores son falsas, puestas ahí por una decoradora. Sus casas tienen livings sin historia, que se caracterizan por la ausencia de objetos vinculados al pasado familiar, y sobredosis de “recuerditos de mi último viaje”. Ni hablar del dormitorio principal.

2 Comments:
De la Maza es un degenerado.
Lo peor de lo peor son aquellos que dicen "Tile" en vez de "Chile", "Sutchi" en vez de "Sushi". Que ordinariez más espantosa
Publicar un comentario
<< Home