lunes, abril 17, 2006

Asociación

por Infante

Después de pagar el lápiz recién elegido, no tenía nada más que hacer en esa oscura galería del Centro. Iba saliendo. Escuché a una de estas personas vendiendo sus productos. Me di vuelta, no quería adquirir uno de sus objetos claramente. La sorpresa que me llevé fue mayúscula, vi en la solapa de su chaqueta un letrerito, que junto con el nombre decía “Asociación de Ciegos Homosexuales”. ¿Qué quería decir esto? Se me pasaron mil cosas por la cabeza en este par de segundos. Tenía muchas preguntas por hacer. Había una sola forma en dilucidarlas todas y no estar mil días conversando con esta persona. Tenía cosas pendientes por hacer. Le pregunté por el precio de una antena que vendía, la compré. Necesitaba lograr algo de su confianza. Acto seguido me pregunta mi nombre. Me debe haber notado algo dubitativo y con ánimo de intruso. Era a mi quien me interesaba saber su nombre. Le dije el mío, y el me dijo el suyo. Roberto se llamaba, debe haber tenido unos 50 años.
Mientras mas aumentaba este dialogo más quería saber de esta cosa. Hasta que le pregunté de que se trataba esta Asociación a la que pertenecía. Algo serio se puso y me pidió que me acercara. En voz baja me dijo que era una asociación de ciegos y homosexuales y que se reunirían este sábado a las 6 de la tarde en Vicuña Mackenna con Rancagua. Me dijo que notaría fácilmente donde era.
Ahora dependía de mi asistir o no. Claro, debía mimetizarme en algo. Conseguí un bastón, lo de ciego ya estaba cubierto. Pero aquí la gran duda, lo dejaba así o me ponía algo para dar el carácter homosexual. Contra todo lo esperado por mi mismo, me probé alguna ropa. No iba por ahí la cosa. Era mejor tener una “actitud” gay.
Sin duda no era muy lejos de donde vivo, pero debía tomar una micro. Comienza la actuación. Ciego y homosexual. Pensaba que pasaría más inadvertido que siempre. No fue así. Veía como todos me miraban pero seguía digno en lo mío. Vi un ciego cerca de la dirección y dije a el le pregunto. Nada sabía. Ya era la hora y seguía buscando el lugar junto al toc-toc de mi bastón.
Me preocupaba no encontrarlo, así que pregunté a tipo que se me acercaba si conocía esta asociación. Antes de responderme algo estallaban en risas. Más de 20 personas y nada. En la dirección que me dio había una farmacia y una gran estación de bencina. Algo andaba mal. Ya era un cuarto para las siete y la actuación se acabó. Ese maldito ciego me cagó. Claro quien más iba a caer en esta broma. Los videntes, obvio. Sin lugar a dudas el letrero de este ciego no lo iban a leer otros ciegos homosexuales.
Me cagó no más. Volví a mi casa con el bastón, pero ahora claramente con una actitud mas varonil.