Palomas
por El CortésSé qué es un jacarandá, y también la diferencia (cada primavera) entre un plátano oriental y un tulipero. Conozco, incluso, la belleza particularísima de la hormiga y de la piedra. Es más, osaría decir que he logrado convivir en armonía con todos ellos. En cambio, no logro comprender qué son las palomas.
Bueno, evidentemente que lo sé. Son esos poco gráciles bicharracos grises, de mutiladas patas rojas y paso cadencioso, que caminan, vuelan, arrullan, picotean, cagan, comen, duermen y se aparean frente a todo el mundo. Tanto sé lo que son, que tengo la seguridad de haber hecho una enumeración exhaustiva de cuáles son todas sus actividades –reitero: comer, picotear, arrullar, cagar, volar, caminar, dormir y aparearse-, sin temor a dejar ninguna afuera.
Lo que no logro comprender es qué son, “en relación a mí”; para qué están, qué función cumplen en “mi” ecosistema. No comprendo qué posición, como ser humano, tengo yo frente a ellas, y por lo tanto, qué actitud corresponde adoptar. Es algo que, verdaderamente, aturde el entendimiento. Porque, un águila, por ejemplo, se comprende. El águila es majestuosa, y se explica por sí misma. Sencillamente está ahí, en plenitud de belleza y arrogancia, y con eso basta. Pero una paloma… ¡una paloma no es un águila! Es cosa de verlas: ¡son un maldito asco!
Lo primero, lo peor de todo, son esas patitas rojas, siempre con uno o dos dedos faltantes. Hoy vi una que, sencillamente, no tenía dedos, sólo dos muñones repulsivos al final de sus extremidades, sobre las que se contoneaba indecorosa. Pero están también sus repugnantes y abultados cuerpecitos, todos cubiertos de plumas grises, blancas, negras, verdes y moradas. Están sus ojos inexpresivos y también lo que pueda haber debajo de sus alas consumidas.
Pero, ¿no podría decirse, acaso, lo mismo de las cucarachas o los ratones? Indiscutiblemente no. El ratón y la cucaracha tienen perfecta conciencia del lugar que ocupan en el mundo, es decir, el peor. Apenas te ven, salen corriendo despavoridos, y se ocultan en algún escondrijo oscuro y nauseabundo. Son, en definitiva, criaturas tímidas, inmundamente tímidas, cierto es, pero tímidas al fin.
No sucede lo mismo con la paloma. Ella camina por las plazas y los patios de la universidad, con la más perfecta seguridad de que ese es el lugar que le corresponde. Pero no sólo camina: ¡hace todo lo que le venga en gana! – no hace falta volver a referirse a ello-, como si uno no estuviera ahí y sin el más mínimo recato. Mas, a diferencia del perro, que se comporta también un poco de esta manera, la paloma no tiene ni la menor necesidad del hombre (y menos aún el encanto de algunos perros). Para ellas, nosotros, criaturas terrestres y populosas, somos las palomas, y ellas son las reinas absolutas de la creación.
Es por esto que he llegado a considerarlas un misterio, una gran incógnita. La más malvada de las incógnitas. ¿Son creaturas de Dios? Si esto fuera así, entonces no se comprende porqué esa persistencia en contrariar el mandato divino de la humana primacía por sobre los demás animales. Insiste en ello cada vez que vuela rampante sobre nuestras cabezas, cada vez que deja caer sus excrementos sobre nuestros hombros, o que camina insolente sobre la mesa a la que uno se sienta. La paloma, literal y alegóricamente, se caga en todo, y en todos.
No, no son creaturas divinas. Son un bicho estúpido y demoníaco. Un plan fallido consistente en boicotear la obra celeste, un aborto maligno. Ellas no lo saben, no pueden saberlo. Difícilmente podría hablarse de psicología respecto de una paloma. Lo sabe sólo quien las ha creado, quien ha confundido a los hombres, haciendo de ella un símbolo de las cosas más altas y ennoblecedoras. Es como si el gran y eterno mentiroso, impotente ante la jerarquía y belleza de lo creado, se permitiera esta pequeña venganza.
Y ahora, ahora lo sé yo también. Lo sé cada vez que las veo observarme, como gárgolas rencorosas, desde lo alto de un tulipero.

2 Comments:
un poco sobervio el querer asignar una función referente solo al hombre de los distintos organismos. Y peor aún el tener la insolencia de llamar "aborto" o"venganza" a un ser vivo tan ser vivo como el que escribió el txt. probablemente la paloma que él miró en la mañana pensó lo mismo de él. jaja
Bueno, es verdad, me equivoqué...efectivamente hay veces en que los hombres están debajo de las palomas, como los cientifistas posmodernos que voluntariamente se ponen en ese lugar... ¿porqué alguien haría algo así? ¡Ah, la libertad! ¡Qué gran misterio!
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