jueves, mayo 17, 2007

El Partido

por Florentino Ariza

El partido es a las 10, pero se levanta a las 7 para llegar a la hora. Pasa una micro y la persigue hasta que para en un semáforo y se sube. Va colgando por la puerta, poco a poco va pasando a gente y se mete en el área. Pasa uno, dos, tres logra sacar tarjeta ante el cobrador. Avanza por el corredor principal, elude un vendedor de lápices y un ciego. El recinto está atiborrado de gente que grita enfervorizada:" ¡ La Puerta!". El ambiente es caliente y corre el sudor por su espalda. Se acerca a su destino y se esfuerza por apretar el timbre con su mano ¡increíble estirada! Deja atrás la micro, entra al gimnasio y ve que ya terminó el partido. Son las 10:30 y se retira a las duchas…

domingo, mayo 06, 2007

Escritura

por Florentino Ariza

Nadie puede. En realidad, más que decir que nadie puede - porque efectivamente todos podemos - cabe decir que nadie debe. A nadie debería permitírsele hablar en tercera persona.

No es porque sea una señal de soberbia insufrible, sino porque es de un mal gusto pocas veces visto. Hablar en tercera persona manifiesta la voluntad de duplicarse a sí mismo para vanagloriarse al mismo tiempo; una suerte de clonación del propio ego para contemplarlo en su plenitud.

Claramente no hay nada de malo en contemplarse de vez en cuando. El problema de hablar en tercera persona es que esa contemplación se efectúa de manera pública, lo que resulta desagradable para muchas personas que probablemente no están interesados en presenciar semejante espectáculo.

Este tipo de actitudes no deben dejarse pasar o ser ignoradas con desidia, es necesario alertar a la persona que se refiere a sí mismo en tercera persona, ya que podría prevenirse a tiempo un mal grave. El Fondo Nacional de la Discapacidad informa que hablar en tercera persona y con metáforas es un claro síntoma de autismo.

El hablar en tercera persona no sólo resulta patético, sino que también reviste caracteres patológicos. Aunque no existe una cura para el autismo, el cuidado apropiado puede promover un desarrollo relativamente normal y reducir los comportamientos considerados inapropiados. Afortunadamente las personas con autismo tienen una esperanza de vida normal.

Sin embargo, existen personas que debido a su profesión, empleo u oficio se les permite hablar en tercera persona sin que exista reproche alguno por efectuar una actitud semejante: los futbolistas. Nuestra idiosincrasia futbolística nos entrega diversos representantes de esta práctica, quienes al momento de ser entrevistados comentan sobre el desempeño de otro jugador, como si en su equipo hubiesen jugado 12. Y es que quién habla en tercera persona se tiene una estima tan grande que piensa que su persona se desdobla en otro

Realmente nadie puede, pero Franco Acchiardo cumple con su deber de delatar las actitudes impropias, porque Franco Acchiardo siempre ha permanecido consciente y atento a ayudar al resto de las personas, por esto es que Franco Acchiardo escribe este ensayo haciendo notar estos comportamientos.

¿Desagradable, no?

miércoles, mayo 02, 2007

Enrique

por Florentino Ariza

Enero, Santiago, temperatura a la sombra: 30°C, sensación térmica: 35°C, el calor es casi insoportable. Contrario al común de la gente Enrique sale de su casa forrado en cuero negro, el cual cubre la mayor parte de su cuerpo, todo tipo de metales cuelgan de su rostro el cual permanece más blanco que las nieves del Aconcagua, el sol del período estival no ha tocado su rostro. Enrique es gótico, y si eres gótico debes permanecer gótico por todo el año, de hecho no le gusta su nombre y se hace llamar “Bloody Henry”.

Claro, en invierno es más agradable, hace frío y el sol no hace que tu piel adquiera un tono color caramelo, pero el verano es difícil, pero hay que mantenerse firme. Da lo mismo que la gente en el metro vaya con polera y shorts, mi traje de cuero hace que traspire alrededor de 3 galones de sudor, pero hay que mantenerse firme, hay que seguir siendo gótico, esta es mi identidad. Porque claro, todos los que veneramos a Sauron, Drácula y Belcebú tenemos que seguir por la vía de la oscuridad y el misterio. Tomar sangre, comer murciélagos y estar constantemente cerca del suicidio.

Luego de tomar un ramo de estética, Enrique, estudiante de Física conoció a Almendra, su actual pareja. El impacto que causó Almendra en la vida de Enrique fue vital para su cambio. Descubrió una nueva concepción del universo y se convenció de que realmente estaba en un error. Eso de sacrificar animales y celebrar Halloween en Navidad es parte del pasado. Enrique ya no escucha Marylin Manson mientras llora en un rincón de su pieza, tampoco le dice a su madre que es el anticristo y que está en la tierra para hacer de su vida un infierno. Ya quedaron atrás esos libros de Mary Shelley, Bram Stoker y Robert Louis Stevenson, Enrique es otro.


Ahora Enrique se pasea por Campus Oriente, de la mano de Almendra, convencido de que su vida es otra. Pero constantemente debe hacer frente a los ataques de sus viejos amigos góticos que lo persiguen por haberse convertido en otra cosa, por dejar de juntarse para realizar sacrificios en honor a Lord Voldemort, por fumar marihuana en vez de bañarse en sangre, por haberse convertido en nada más y nada menos que un hippie. Enrique, quién ahora se hace llamar “Roca” predica a favor de la pacha mama, participa en grupos ecológicos y no come carne para proteger a los animales, su sueño ya no es ir a Rumania, ahora sueña con hacer un intercambio en California. Ya no compra ropa de cuero en el Portal Lyon, ahora el Roca se viste exclusivamente en la Feria Artesanal del Santa Lucía.

Enrique ha encontrado la verdad, y está completamente realizado, ahora los veranos no representan un calvario para él, de hecho le encanta el verano, pues le permite pasar meses sin ducharse para sentir la tierra más cerca de él, Enrique ahora es hippie y feliz.